Viernes dando la nota #1: ¡Qué mala suerte!

Entre nosotros, la de veces en la vida que pensamos y que decimos esta frase: ¡Qué mala suerte!

¡Qué mala suerte! Se me ha roto algo.

¡Qué mala suerte! No me ha tocado la lotería.

¡Qué mala suerte! No he aprobado el examen.

¡Qué mala suerte! He chocado contra esa columna con el coche.

A ver, vamos a ser realistas, mala suerte tampoco es, ya que 3 de estas situaciones se podrían resolver con un poco de cuidado o vigilando.

Pero hay en otras ocasiones, como la de la lotería, que no depende de nosotros que tengamos esa «mala suerte» o no, y un claro caso de ¡qué mala suerte! es lo que les pasó a los protagonistas de este primer viernes dando la nota. Y es que ya es mala suerte que hagas el mejor disco de la historia Leer más

No te quedes sin casal este verano

Amo las conexiones 2.0, esas que te dan las redes sociales (ésta es una de las razones por las que me dedico a este mundo). Y cuando además tienes la suerte de pasar al 1.0 gracias al 2.0 pues mejor todavía. ¿Y por qué las amo pensaréis? Pues por la buena gente que te encuentras (mayoría más amplia que la otra), y que vale la pena hacer cosas juntos.

Todo esto viene a que hoy os quiero presentar (por si no las conocéis todavía), a mis amigas de Barcelona Colours, la web de referencia en esta ciudad por si quieres hacer cualquier actividad con los peques. Tienen de todo y de gran calidad, no os las perdáis.

BCN Colours

Y aprovechando que nos acercamos al verano, han sacado una nueva edición de su guía con los mejores casales de verano que vas a encontrar en la ciudad (y alrededores que este año han ampliado).

Así que no me lío más escribiendo, os dejo el enlace a su súper guía y si no las conocéis aún, buscad a Barcelona Colours, no os arrepentiréis.

Mi hijo es un valiente.

En ocasiones leo en blogs y en redes sociales el debate sobre si un blog de paternidad o maternidad tiene que estar abierto cuando los niños se hagan mayores y accedan a Internet, ya que encontrarán y verán cosas que igual en esos días que estén en plena efervescencia hormonal, se encuentren y los encuentren, mientras su padre o su madre escribían sobre que monos eran de pequeños y las gracias que hacían.

La intención de esta casa (llámalo blog si quieres), es no desaparecer, ya que cada cosa que escribo sobre mis hijos lo hago con el corazón y como mi intención, que lo consiga o no ya es otra cosa, es que ellos crezcan desde ese lado, pues se que no va a haber problema porqué se encuentren o los encuentren. Pero de la misma manera, si ellos quieren que esto desaparezca, pues se perderá en la inmensidad de la red.

Ahora viene, tras esta introducción, cuando vosotros preguntáis: ¿A qué viene esta charla?

Pues que hoy quiero presumir de hijo, de que es un VALIENTE y me encanta que sea así y que el día de mañana cuando crezca y se busque en Internet, se encuentre esto y diga que está orgulloso de su padre por explicar estas cosas y encima presuma de ello delante del mundo.

Bueno, pues lo que os decía. Hace unos días mi hijo me demostró que es un VALIENTE por una cosa que hizo y que seguramente pensaréis que es una tontería, o no, pero que a mi me hizo crecer mucho más como padre y como persona. Vamos, que me enseñó una lección que ya la tengo bien apuntada y no se me olvidará. ¡Mi hijo se pintó las uñas!

¡Qué cosa más insignificante! Pensaréis la mayoría. Pues no, no lo es. Y menos para un niño de 8 años que va al cole. ¿O acaso os tengo que recordar en la «mierda» (con perdón), de sociedad que vivimos? Pues el Príncipe se pintó las uñas y cuando mi pregunta llena de prejuicios sociales salió de mi boca: ¿Vas a ir al cole con las uñas pintadas? Su respuesta fue clara, corta y me pegó una bofetada en forma de lección: Por supuesto.

Reconozco que pensé muchas veces en él durante ese día. Lo reconozco. La lucha interior que me monté (putos prejuicios que todavía no se me acaban de borrar de la cabeza), me llevó a estar comiéndome la cabeza: ¿Se reirán de él?¿Le insultarán?¿Cómo se lo tomará el colegio?¿Le dolerá emocionalmente?

Al finalizar el día y tras ir con las uñas pintadas durante todo ese tiempo, le pregunté (con esa preocupación inútil por el resultado que mis valores retrógrados y antiguos querían empujar hacia fuera), como había ido y si le habían dicho algo. Y su respuesta de 8 años me volvió a dar otro golpe de calidad, de lección que un niño puede dar un padre: Algunos niños se han reído, pero yo se las quería enseñar a mis amigos y a mi me gusta. ¡¡¡ZASCA PARA PAPÁ!!!

Y así fue como el Príncipe me dio una clase magistral sobre lo que tengo que sacar de mi cabeza y creer más en él.

Por eso, y por muchas cosas más, mi hijo es un VALIENTE.

Ah, y por supuesto, mi hija también es una VALIENTE, pero sus clases magistrales ya os las contaré en otra entrada.

¿Y tus hijos son VALIENTES? O mejor reformulo la pregunta de otra manera: ¿Tu eres VALIENTE?

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